Martín Cid. Relatos

Narrativa y relatos.

El lienzo

Las Meninas

Permaneció más allá del espejo, ajeno…, sombra de treinta años cercana al enano, más allá del pintor. Alguien habla. No puedo recordar el momento, pasado o futuro.

La infanta Margarita estaba detrás; su pelo huele fuerte… puedo ver su rostro: pareces serio, turista fiel.

-Alguien habla.

El hombre respiraba quedo, sin ritmo, justo antes de dejar la sala de Diego Velázquez, en el Museo del Prado. Madrid. Año: dos mil siete.

A veces, la sala se llena de gentes y sabores, de óleos viejos y luces tenues; a veces, la habitación es como ese personaje solitario en el interior del cuadro deformado. A veces, recuerdo el incendio, viajero.

-¿Quién habla?

Siete de la mañana. Mientras el museo permanece cerrado, el limpiador aún tiene veinte minutos para terminar la tarea, ya ha caminado veintidós pasos más diez, cerca del cuadro que refleja al rey, que parece susurrar palabras. Frente al espejo, hay ropajes reales y flores en mancha de plomo, el cuadro narra historias, el artista de la cruz en el pecho bien lo sabe…, cuenta historias de almas perdidas y sombras cautivas. Aquella misma luz que deviene desde el techo cuenta la historia del plomo y de las figuras encantadas tras los trazos en el lienzo, secretos y leyendas perdidas que cada rayo de luz hace emerger, y es que el plomo toma muchos nombres y personajes.

Dejó la escoba y respiró, leve… Puedes ver el tiempo y sus colores, más allá de las figuras en sombra.

Antes de morir, el limpiador pudo ver cómo la brillante figura renacía caótica entre los rostros de los reyes y pajes. El plomo guarda el secreto del espejo; allí las sombras permanecen, ningún visitante podrá verlos jamás, pero la habitación en sombras espera, te espera, silenciosa.

Al fin, el limpiador pudo ver el nuevo cuadro, que el artista pintaba: una habitación serena, solitaria, aire, sonidos y tiempo. El artista pinta un espejo que refleja el cuadro, pinta una escoba sin dueño, una habitación solitaria en un museo. Los primeros rayos de la mañana se filtran por entre las rendijas. Más allá del espejo, nosotros, condenados, también podemos contemplar los cuadros quebrados, ajenos.

De nuevo, alguien habla.

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junio 4, 2007 - Posted by | Narrativa

6 comentarios »

  1. Interesante, misterioso.

    Comentario por Javier | junio 5, 2007 | Responder

  2. hola martin, me llamo juan y me intereza tu manera de escribir. son muy buenos los posteos de los escritores. <gregame asi nos contactamos

    Comentario por juan | septiembre 14, 2007 | Responder

  3. https://martincid.wordpress.com/2007/06/04/el-lienzo/trackback

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    Trackback por Yareah Magazine | marzo 16, 2009 | Responder

  4. a ver…

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  5. MARTIN CID E ISABEL DEL RIO CON LOS ARTISTAS PORTUGUESES…

    Martin Cid con los artistas portugueses
    ……

    Trackback por Club de amigos de "Ariza" | julio 6, 2009 | Responder


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